La emoción de dar con el faro de Alborán, apenas
distinguible en aquella negra noche de relampagos,
y el inolvidable paso dejando por babor aquel sombrío
túmulo, en un nuboso amanecer, nos causo tal impresión
que apenas terminada la Regata habiamos llegado a la
conclusión de que la humanidad se divide en dos clases:

LOS QUE HAN TOMADO A VELA, ALBORÁN,
Y OTROS...